Colabora a través de donaciones de alimentos o económicas, entrega de excedentes de alimentos, compartiendo su experiencia profesional o la ilusión y el esfuerzo que puedan aportar a través de un voluntariado.

   Declarado de Utilidad Pública por el Ministerio del Interior

   Premio Príncipe de Asturias de la Concordia

     Medalla de Oro de Canarias

     Roque Nublo de Plata del Cabildo de Gran Canaria

     

Juan Francisco Fleitas Ascanio

Este conocido médico cardiólogo, tenía muy claro que cuando se jubilara no iba a perder el tiempo paseando o jugando al golf, sino hacer algo que le mantuviese activo y, además, que sirviese para ayudar a otras personas que lo necesitasen.

Preguntó y le aconsejaron algunas entidades. Entre ellas, el Banco de Alimentos de Las Palmas, al que acudió para hablar con su presidente: Manuel Pérez Hernández. A los pocos minutos de oirle y comprobar su ilusión, su deseo de trabajo y lo que se había conseguido, decidió quedarse en el Banco. Una decisión de la que no se ha arrepentido porque considera que está siendo útil, dentro de sus posibilidades, a una institución dedicada íntegramente a ayudar a los necesitados y que le llena completamente.

Juan Francisco lleva a cabo en el Banco tareas de "peon", ayudando a cargar y descargar los alimentos y dejarlos preparados para que sean recogidos por las entidades benéficas. Una actividad muy distinta a la de su profesión y de la que se encuentra feliz porque se encuentra tan a gusto, que no la considera un trabajo. Será por eso por lo que la vitalidad de Juan Francisco está más cercana a una persona de 30 años que a la de su edad.

De la relación con el resto de los voluntarios, destaca el compañerismo y la amistad que existe a todos los niveles y que se siente desde el primer día y que se mantiene igual durante todos los días y meses. "Los considero a todos muy buenos amigos para siempre".

A sus amigos que saben que está en el Banco de Alimentos y le preguntan, les dice que no encontrarán un sitio mejor para ocupar su tiempo una vez que se jubilen y que, si vienen, no se arrepentirán nunca.